Campaña del Enfermo 2011
GUIÓN LITÚRGICO 29 de mayo
VI Domingo de Pascua - Pascua del Enfermo
¿Cómo se enfrentan hoy los jóvenes a los acontecimientos fundamentales de la existencia,
es decir, a la salud y la enfermedad, a la vida y la muerte, al sufrimiento y la
curación?
La salud es uno de los bienes fundamentales del ser humano y constituye una de sus
aspiraciones permanentes. Para los mismos jóvenes la salud es algo muy importante en
su vida. Pero junto a la alta valoración de la salud, encontramos comportamientos y
actitudes contradictorias. Ponemos nuestra salud en manos de los grandes avances de
las ciencias médicas y quizá nos sentimos menos responsables de nuestra salud.
La Iglesia ha de aportar aquello que le es más propio, es decir, ayudar a los jóvenes de
hoy a vivir su salud de manera sana y responsable; estar cerca de los jóvenes que sufren
y acompañarles a afrontar esa realidad y a vivirla como posibilidad de crecimiento y
de maduración; reconocer y avivar la sensibilidad y solidaridad de los jóvenes hacia las
personas enfermas, con discapacidad, mayores o con dependencia. Cualquier época
de la vida, probablemente más aún en la juventud, es importante tomar conciencia del
valor y sentido de la salud. Jesús es la salud y seguirle es una de las maneras más sanas
y gratificantes de vivir.
Enfermedad, dolor y sufrimiento son experiencias personales, cargadas siempre de misterio,
un misterio difícil de aceptar y de sobrellevar, difícil de expresar con palabras. Los
jóvenes sufren y enferman. Jesús pasó por esta experiencia humana y nos enseñó cómo
debemos vivirlo personalmente. Las actitudes de Jesús nos ayudan a vislumbrar desde
la fe el sentido de la vida, también en medio del sufrimiento, y el valor redentor del
amor. Pero, sobre todo, nos enseñan a descubrir que podemos buscar un para qué.
Jesús no pasó de largo ante los enfermos, se acercó a ellos, se conmovió ante su situación,
les dedicó una atención preferente y los libró de la soledad y abandono en que
se encontraban reintegrándolos a la comunidad. Los jóvenes disponen, por ello, de un
enorme potencial interior para ayudar a los que sufren.
No es agradable oír hablar del morir y la muerte y menos en una etapa donde lo que
prima es la sensación de vivir. Sin embargo, la muerte está presente en los jóvenes, y
aunque de formas muy diversas, con frecuencia, la realidad de la vida les obliga a tener
que encararla de frente. La muerte entonces impacta con fuerza, deja sin palabras, remueve
por dentro, provoca reacciones, suscita preguntas e interrogantes, etc. La muerte
forma parte de la vida.
Jesús ama la vida, se conmueve ante la muerte y llora. A Jesús no le deja indiferente
la muerte. Mirar la muerte, a la luz de Jesús, ayuda a vivir más plenamente la vida y a
valorar y agradecer la vida como un don que se ha de vivir en actitud de agradecimiento
y alabanza; ayuda a vivir las pequeñas muertes de cada día y acompañar a quienes
están experimentando la muerte en su propia carne y necesitan alguien que les tienda
su mano y les consuele; ayuda a combatir lo que aquí y ahora está generando muerte:
hambre, violencia, guerras, deterioro de la naturaleza, reparto injusto de recursos, etc.
A todos nos incumbe la tarea y la responsabilidad de cuidar y curar la vida en sus
grandes acontecimientos y trasmitir formas sanas de vida. Como testigos de Cristo resucitado
tenemos que vivir curando la vida y aliviando el sufrimiento.
Canciones para la celebración
❖ Entrada: Cristo resucitó. Aleluya (CLN A 13); En medio de nosotros (2CLN, A6);
Invoco al Dios altísimo (CLN, 713).
❖ Salmo 65: El Señor me libró de todas mis ansias.
❖ Aleluya: 1CLN, E 2
❖ Preparación de Ofrendas: Bendito seas, Señor. (1CLN, H5); Ubi Caritas, o Música
instrumental
❖ Santo 1CLN, I 5
❖ Comunión: Donde hay caridad y amor (1CLN, O 26); Pequeñas aclaraciones
(CLN, 725); Fiesta del banquete (1CLN, O 23);
❖ Final: Regina coeli (gregoriano). María, madre del dolor (del disco ¡Vive! de
Kairoi); Canción del testigo (1CLN-404); Gracias, Señor, por nuestra vida (1CLN,
609); Una canción popular.
ORACIÓN
Padre de bondad y misericordia,
en la Cruz de tu Hijo has dado
el mayor signo de amor
y regalado la vida en plenitud.
El sufrimiento, cargado de misterio,
es difícil de aceptar y sobrellevar.
Duele el dolor del inocente,
nos cuestiona el sufrimiento del joven
y su muerte, tronchando en flor,
proyectos y esperanzas.
Ayúdanos, Señor Jesús, a contemplar la Cruz
en la que bajaste a las profundidades
del sufrimiento humano;
en ella nos hiciste partícipes de tu amor,
para poder mirar con ojos de esperanza
los males que nos afligen.
Allí, al pie de la cruz, María,
desde el abismo de su dolor,
acogió la misión de ser madre
de Cristo en todos sus miembros.
Que ella, estrella de la esperanza,
nos ayude a verte y encontrarte
en el rostro del hermano que sufre,
y, en el rostro del enfermo, sepamos ver
el rostro de los rostros: el de Cristo.
Juventud y salud
martes, 24 de mayo de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario